ENVIADOS PARA ANUNCIAR EL REINO

 


¡Un bendecido Domingo a todos!

“La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”. Esta metáfora que Jesús utiliza para introducir a los discípulos de él la tarea de evangelización es hermosamente positiva, alentador, y sumamente humana. Es porque Jesús describe la tarea de predicar la Buena Noticia no como una guerra de clase económica (los pobres vs. los ricos), ni como una batalla cultural (la cultura dominante vs. la cultura oprimida), ni como un conflicto racial (la raza superior vs. la raza inferior), ni tampoco como una declaración abierta de dominación global (el cristianismo será un poder hegemónico del mundo).  El lenguaje que Jesús usó es el lenguaje de la agronomía donde el dueño de la mies sabe producir mucha cosecha y que necesitan muchas manos para cosechar el abundante fruto de su terreno. Cuando vio a las multitudes que estaban extenuadas y desamparadas, las trató como si fuera una cosecha que hay que recoger y custodiar en la canasta de Dios. En la mente de Jesús, no existe binomio hostil entre las clases económicas de la sociedad, ni entre las culturas, ni tampoco entre las razas. Así que, en vez de tratar a las multitudes como una basura, o como las personas invisibles de la sociedad, o como razas inferiores, Jesús se compadeció de ellos y atendió a la necesidad muy fundamental para cada ser humano: tener una orientación trascendental, utilizando la idea del psicólogo Aleman Erich Fromm (1900-1980), en su libro titulado Psicoanálisis de la sociedad contemporánea hacia una sociedad sana. Como el evangelio nos relata, Jesús las vio como ovejas sin pastor. Y como el Buen Pastor, las guía hacia Dios, el horizonte trascendental del ser humano.

Ahora bien, aunque Jesús no utilizó un lenguaje bélico para describir la tarea de evangelizar, ciertamente existe un tipo de guerra que se genera como consecuencia sobre la predicación de la venida del Reino de los Cielos. Me refiero a la guerra espiritual que existe entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas. Y esto se ve claramente en el evangelio porque Jesús “dio poder a sus discípulos para expulsar a los espíritus impuros.” Así pues, la batalla que el cristiano está luchando cada día no es contra su prójimo sino contra el mal, los demonios, los espíritus malignos, los poderes caídos, las brujerías, las necromancias, y otros tipos de creencias maléficas.

Y como un buen administrador del campo que el Padre adueña, Jesús quiso compartir la tarea de cosechar la abundante cosecha con los que saben suplicar urgentemente al Padre que mande obreros a su mies. En el evangelio la palabra griega que Jesús usa es deethete (δεηθητε), que significa suplicar con urgencia. Esta clave es muy importante tener en cuenta. Jesús dijo a sus discípulos, “Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos.” Doy tres razones porqué. En primer lugar, el que sabe rezar con mucha urgencia entiende profundamente el hecho de que existe una necesidad urgente que no se puede postergar. La salvación de los hombres no se puede postergar para mañana, así que, hay rezar a Dios para que mande evangelizadores según su corazón. Segundo, el que reza con urgencia no es un espectador, sino que el mismo es un trabajador que está consciente en el hecho de que es una gran lastima cuando se pierde la cosecha. Nadie está feliz por la perdición de una persona. Realmente, es una gran lastima. Finalmente, el que reza con urgencia, aunque no es dueño del campo, le importa no solamente la cosecha y sino el dueño también. El amor a Dios y al próximo es un motivo para rezar con urgencia.

El envió de los Doce Apóstoles para proclamar la cercanía del Reino de los Cielos nos muestra la misión que cada cristiano está desafiado a realizar. El Papa Francisco, en su carta apostólica, Evangelii Gaudium, nos habla sobre tres ámbitos en los cuales la misión de la nueva evangelización está dirigida. Citando las palabras del Santo Padre, él nos indicó:

Allí se recordó que la nueva evangelización convoca a todos y se realiza fundamentalmente en tres ámbitos. En primer lugar, mencionemos el ámbito de la pastoral ordinaria, «animada por el fuego del Espíritu, para encender los corazones de los fieles que regularmente frecuentan la comunidad y que se reúnen en el día del Señor para nutrirse de su Palabra y del Pan de vida eterna». También se incluyen en este ámbito los fieles que conservan una fe católica intensa y sincera, expresándola de diversas maneras, aunque no participen frecuentemente del culto. Esta pastoral se orienta al crecimiento de los creyentes, de manera que respondan cada vez mejor y con toda su vida al amor de Dios.

En segundo lugar, recordemos el ámbito de «las personas bautizadas que no viven las exigencias del Bautismo», no tienen una pertenencia cordial a la Iglesia y ya no experimentan el consuelo de la fe. La Iglesia, como madre siempre atenta, se empeña para que vivan una conversión que les devuelva la alegría de la fe y el deseo de comprometerse con el Evangelio.

Finalmente, remarquemos que la evangelización está esencialmente conectada con la proclamación del Evangelio a quienes no conocen a Jesucristo o siempre lo han rechazado. Muchos de ellos buscan a Dios secretamente, movidos por la nostalgia de su rostro, aun en países de antigua tradición cristiana. Todos tienen el derecho de recibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable. La Iglesia no crece por proselitismo sino «por atracción».

A partir de este señalamiento del Santo Papa, rescato tres desafíos para nosotros: (1) Que no nos cansamos de venir a la Eucaristía, (2) Que podamos atraer a la Iglesia las personas bautizadas que no viven las exigencias del Bautismo, y (3) Que nuestra vida sea coherente para que podamos atraer hombres y mujeres que no conocen a Jesús o lo han rechazado a la fe cristiana.

En la última instrucción de Jesús, él dice, “No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel.” Como pastor, me parece que Jesús me está diciendo que tengo que empezar a buscar a las ovejas perdidas de esta comunidad primero. Y junto con todos ustedes, rogamos al Padre que envié más trabajadores de su mies en el nombre de Jesús, nuestro Señor. Amen.

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