"NO TENGAN MIEDO."
El miedo es una de las emociones humanas muy básicas que se vincula
íntimamente con nuestro instinto humano de supervivencia. En nuestras
experiencias personales, se observan algunas manifestaciones corporales del
miedo como, por ejemplo, la taquicardia, sudoración, respiración acelerada,
temblor y tensión muscular. Y la sensación que tenemos cuando el miedo nos
agarra es tan fea y amenazante de tal modo que algunos, quedan petrificados, y otros huyen.
Hace unos meses, cuando estaba en Buenos Aires, tenía una experiencia temerosa,
tanto es así que me huye corriendo de esa situación amenazante. Era el 5 de
noviembre y la Capilla de Nuestra Señora de las Gracias, que estaba preparando
para la celebración de la fiesta patronal, me invitó a celebrar una misa de
novena a la tarde a las 19 horas. Vivía en Refugio San Eugenio que se ubica en
Kilometro 35, mientras que la capella está en Kilometro 37 o 38, no sé
exactamente. Ya que no tuve carnet de conducir acá en Argentina, me fui a la
capilla, tomando el transporte público, es decir, el colectivo.
Cuando terminé la misa, en vez de volver a la casa enseguida, pasé por la
casa de Sr. Víctor y Sra. Demy, quienes son muy cercanos amigos de los Oblatos.
Nos charlamos mucho de tal manera que no me di cuenta que la hora se me voló. Me
pareció que ya eran las 21 y media en la noche. Cabe mencionar que la distancia
entre la casa de Víctor y la parada del colectivo es alrededor de medio
kilómetro. Y fue mi culpa el hecho de que no pedí al Sr. Víctor que me acompañara
a la parada. Así que, me fui caminado solo y se notaba que no había nadie en la
calle. Desafortunadamente, dos muchachos que iban en moto, los motochorros se
llaman en Buenos Aires, se detuvieron enfrente de mí. Y el pibe que
estaba sentado detrás de la moto, se bajó y empezó a gritar, amenizándome
mientras agarraba un revolver, “¡Dame tu mochila, ¡Dame tu mochila!”
Y como una reacción de instinto, sin pensar, me fui corriendo sin mirar
atrás, dirigiendo a la dirección de la capilla. Menos mal que no me dispararon
ni me persiguieron. Cuando llegué al parque, me paré porque me di cuenta de que
no había nadie que me perseguía y también había algunas personas en el parque
que estaban tomando aire fresco en la noche. Así que me sentí seguro y me senté
en uno los asientos hechos en cemento para recuperar el aliento. Luego, unos
minutos después, un grupo de jóvenes se iba a la dirección donde se ubica la parada.
Así que, me acompañé con ellos y me enteré, gracias a Dios, que iban a tomar un
colectivo también. Al final, llegué a casa sano y salvo.
¿Por qué hablo esta experiencia? Porque el evangelio este Domingo habla
sobre la exhortación de Jesús a sus discípulos de no tener miedo en cuatros
circunstancias:
1. No teman a los hombres al
decir la verdad. El evangelio nos exhorta que lo que escuchamos de Jesús, tenemos que
pregonar a los demás sin disculpas. Aunque es ofensivo decir en nuestra
sociedad que “el matrimonio es solamente para hombre y mujer,” (Mc 10:6-9)
tenemos que decirlo sin concesiones. Aunque es insensible decir que “Jesús es
el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6) para los musulmanes, budistas, y
otras creencias, igual tenemos que decirlo sin pestañear. Como Jesús nos dice,
“No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no
llegue a saberse.” (Mt 10:26) Es decir, solo el tiempo, o sea, la historia, va
a mostrar la plena verdad. Si en nuestra sociedad moderna, la verdad cristiana
es algo oculto para algunos sectores de la sociedad de tal modo que es
imposible, para ellos, creer en Dios y en Jesús, nuestro Señor, en este
momento, como cristiano tenemos que respetar su decisión. El tiempo oportuno, es
decir, el tiempo de Dios, llegará para ellos. La conversión es el asunto del
Padre. Como Jesús explico, “Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre.”
(Juan 6:44) Pero, para nosotros, no tenemos que ceder lo que Jesús nos ha
dejado en la Sagrada Escritura para ser amigable.
2. No teman al malvado que
mata solamente el cuerpo, pero no el alma. Esta exhortación de
Jesús se aplica en las situaciones donde las persecuciones cristianas existen,
o quizás, en el lugar de trabajo donde existe mucha corrupción. Si hay que
elegir entre la participación del robo o el encarcelamiento o peor todavía, la
muerte a causa de la convicción cristiana, el cristiano debe elegir la segunda.
No tenemos que tener miedo a los que matan el cuerpo, pero no el alma.
3. No teman a los problemas,
ni al futuro, ni a las incertidumbres de la vida. Jesús nos asegura que
somos preciosos en los ojos de Dios. Como nos dice, “En cuanto a ustedes, hasta
los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque
ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.” (Mt 10:29-31) Así
que, tenemos que aprender tomar riesgos en la vida para nuestro futuro, quizás
un trabajo lejos de la familia, o un matrimonio, o entrar al seminario o al
convento, o ser independiente de la familia, o podría ser una separación de una
relación toxica.
4. No teman al juicio de
Dios. Para el que no niega a Jesús delante de los hombres, el juicio de Dios no
le suscita miedo sino honor. Para el malvado, el juicio divino es una condena,
pero para el que ama al Señor, es la salvación.
En esta Eucaristía, pidamos al Padre que nos de su Espíritu Santo para que nuestro miedo se convierte en fe y confianza. ¡Que así sea!

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