EL ORDEN DEL AMOR
¡Un Bendecido Domingo a todos!
Cuando estaba reflexionando sobre el evangelio, me vino a
la mente el cuarto mandamiento que nos dice, “Honra a tu padre y a tu madre.” A
través de este mandamiento, Dios nos pide que siempre tengamos respeto a
nuestros padres. Honrar también significa darles orgullo por medio de crear una
buena familia, o por medio de tener éxito en la vida. Y finalmente, en la
vejez de ellos, la honra se muestra a través del cuidado hasta que llega el
momento que vuelvan a Dios, el origen y destino de la vida humana. Dicho en
otras palabras, Dios nos pide un amor filial como hijos de ellos.
Me acuerdo de este cuarto mandamiento porque en el
evangelio este Domingo, Jesús habla de manera matizada de tal modo que clarifica
la limitación del cuatro mandamiento. Citando el texto de San Mateo, “Jesús
dijo a sus apóstoles: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es
digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí;
y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.” (Mateo 10:37-38) A
partir de este dicho, se entiende claramente que nuestro amor por nuestros
padres no debería ser más grande, más especial, y más importante que nuestro
amor a Jesús. El amor a Dios es el primer orden, luego, sigue el amor a
nosotros mismos, después, el amor a nuestros padres, a nuestra esposa, a
nuestros amigos, a nuestros hermanos, a nuestra patria, a nuestra comunidad, y
a nuestro cuerpo.
Ahora bien, rescato este punto en mi reflexión porque en
el texto de San Lucas, Jesús dice a sus discípulos en una manera diferente, “Si
alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, a su mujer
e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia
vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga su cruz y viene en pos de
mí, no puede ser mi discípulo.” (Lucas 14:26-27) El lenguaje de San Lucas es
mucho más fuerte que el de San Mateo porque tenemos que aborrecer nuestros
padres para poder seguir a Jesús. Y creo que cuando uno no está muy cuidadoso
en su lectura, se puede caer en la conclusión de que Jesús está contradiciendo
el cuarto mandamiento. Ciertamente, es importante resaltar que Jesús no está
opuesto a la exigencia paternal que la Sagrada Escritura exhorta. Su lenguaje
en el texto de San Lucas es una hipérbole que subraya la entrega y compromiso
total del seguimiento cristiano. Así que, el enfoque de San Mateo es diferente
que el de San Lucas. San Mateo subraya fuertemente el orden del amor en el
seguimiento cristiano, mientras que San Lucas, la entrega y el compromiso total
de la persona.
La primera lectura del segundo libro de los Reyes nos relata
sobre la buena voluntad de un matrimonio sin hijo a un profeta de Dios que lo
acogía en su casa. Y como la historia despliega, esa buena voluntad en
convierte en caridad, que, según Santo Tomas, “la amistad del hombre con Dios.”
Ese matrimonio ofreció a Eliseo no solamente comida, sino alojamiento. Y como
bendición del hombre de Dios, el matrimonio recibió un hijo. Jesús en el
evangelio nos dice, “El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá
recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá
recompensa de justo.”
En la segunda lectura, San Pablo nos da la razón porqué amamos a Jesús, nuestro
Señor: el es nuestro Salvador. Por su muerte y resurrección, la vida
buenaventura se hace posible. Jesús nos comunica la vida eterna. Amamos a
Jesús, o sea, queremos unirnos con Él nuestro sentimiento y pensamiento, porque
deseamos ser como Él.
En esta celebración eucarística, pidamos al Señor que nos de su gracia y
bendición para que podamos amarle a El sobre todas las cosas. ¡Que así sea!
Amen.

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