LOS PRIVILEGIADOS DEL REINO
¡Un bendecido Dia del Señor a todos!
¿Se acuerdan de un momento muy especial en su vida que le
dieron gracias a Dios? Creo que tenemos muchos momentos especiales como, por
ejemplo, la amorosa presencia de nuestros padres que nos prepararon una
celebración especial de cumpleaños, la respetuosa y paciente presencia de un
marido o espesa, la adquisición una nueva casa, o auto, la realización exitosa
de un proyecto grande y otras situaciones muy agradables para nosotros de tal
modo que nos permite agradecer a Señor que nos ha bendecido. Esto es algo
normal. Y ojalá no olvidamos a dar gracias a Dios cuando nuestra vida se parece
a un sueño muy bueno.
Ahora bien, ¿se acuerdan de un momento feo en su vida,
que, en vez de quejarse al Señor, le dieron gracias a Él? Esta segunda
pregunta me parece muy difícil porque es algo automático quejarse cuando
nuestra vida está mal. Sin embargo, quejarse a Dios no es pecado, maldecir a Él, sí. En la
Biblia, podemos ver personajes que han expresado sus quejas, angustias, y
frustraciones a Dios. Citando algunos, son Job, Moises, Jeremias, y los
salmistas. Job dice, “Aun hoy mi queja es rebelión; su mano es
pesada no obstante mi gemido. ¡Quién me diera saber dónde encontrarle, para
poder llegar a su trono?” (Job 23:1-2) En otro caso, en el libro de Números,
Moises expresó su angustia a Dios por la testarudez de los Israelitas, “Entonces Moisés
dijo al Señor: ¿Por qué has tratado tan mal a tu siervo? ¿Y por qué no he
hallado gracia ante tus ojos para que hayas puesto la carga de todo este pueblo
sobre mí? ¿Acaso concebí yo a todo este pueblo?” (Números 11:11-12) En el
mismo sentido de la queja de Moises, el profeta Jeremias expresó su profunda
angustia personal a Dios, diciendo, “Me persuadiste, oh Señor, y quedé
persuadido; fuiste más fuerte que yo y prevaleciste. He sido el hazmerreír cada
día; todos se burlan de mí.” (Jeremias 20:7) Finalmente, los Salmos 13, 22 y 88
expresan directamente lamentos y quejas a Dios.
En el evangelio hoy, Jesús da gracias al Padre, diciendo:
“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas
a sabios e inteligentes, y las revelaste a los pequeños.” Y la razón es que el
Padre ha revelado el Reino de los Cielos a los pequeños, pero lo ha ocultado a
los sabios e inteligentes. En primer lugar, hay que aclarar que la fe cristiana
no es anti-intellectual, o sea, los sabios e inteligentes no podrían ser
seguidores de Jesús. Al contrario, San Mateo, San Lucas, San Marcos, San Juan,
San Pablo, San Basilio, San Atanasius, San Agustin, Santo Tomas de Aquino, o
mucho más santos inteligentes han sido discípulos de nuestro Señor. Esto
demuestra que tener una inteligencia superior no es un obstáculo para creer en
Jesús.
En segundo lugar, hay que dar aclaración sobre los
pequeños. Es interesante notar que, en otras traducciones, se dicen los niños,
los infantiles, y la gente sencilla. En la lengua griega, la palabra que se
utiliza es nepiois ((νήπιοiς) que significa literalmente los niños, los infantes,
y los bebes. En este sentido, el Reino de los Cielos ha sido revelado a los que
están abiertos a las enseñanzas y a la persona misma de Jesús como un niño que
está siempre
abierto al aprendizaje, a la novedad, y que está fascinado y
atraído por las cosas misteriosas. A partir de este punto, se entiendo mejor
cuando Jesús dice, “Todas las cosas me han sido entregadas por Mi Padre; y
nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino
el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.” (Mateo 11:27) Dios es
un misterio y Jesús como Hijo es lo mismo. Así que, Jesús va a revelar al Padre
para aquel que está abierto su corazón y mente a Él como el Hijo.
El inteligente y sabio que no quiere semejarse a un bebe nunca podría ser
llegado como un discípulo de Él.
Además, el agradecimiento de Jesús habla sobre el
carácter de Dios. En vez de quejarse porque el Reino ha sido revelado a la gente
sencilla, Jesús da gracias al Padre. Esta actitud nos demuestra que Dios no
hace un atajo para la salvación del hombre ni un camino fácil para su santificación.
El hecho de que el Reino de los Cielos pertenece a los sencillos y a los
pequeños significa que Jesús tenía que trabajar intensamente en la predicación del
Reino. Significa también que tenía que enseñar, caminar, argumentar y enfrentar
a las personas que están oponiendo a la venida del Reino. Además, significa que
tenía que suportar la incredulidad de sus discípulos, la incomprensión, la
cobardía, el rechazo y la traición. Si el Reino de los Cielos hubiera sido revelado
a los inteligentes y sabios, Jesús no habría tenido problemas en la predicación
del Evangelio, no habría sufrido y crucificado. Sin embargo, el camino de Dios
es diferente. Como decía San Pablo, “Dios escogió lo necio del mundo, para
avergonzar a los sabios; lo débil del mundo, para avergonzar a lo fuerte; y lo
vil del mundo y lo menospreciado, y lo que no es, para deshacer lo que es, a
fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él están ustedes en Cristo
Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación,
santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría,
gloríese en el Señor.” (1 Corintios 1:27-31) En otras palabras, los privilegiados
del Reino son hombres y mujeres que ha encontrado fuerza e importancia en Dios,
y no en su propia estimación personal.
Para cerrar esta reflexión, dejo algunas preguntas para
reflexionar a lo largo de esta semana. ¿Cuáles son las bendiciones que Dios me
ha dado que tengo que agradecer? ¿En los momentos difíciles de mi vida, he
podido ver las manos de Dios? ¿Me he acercado más con El cuándo pasa algo mal? ¿He
podido agradecer a Dios por algunas situaciones feas porque me enseñaron algunas
lecciones valiosas?

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