EL TESORO PRECIOSO



 ¡Feliz Domingo a todos!

Cuando estaba en el primer año de teología, tenía la oportunidad de estudiar una religión bien conocida en nuestro mundo actual que tiene muchos seguidores particularmente en Asia Lejana y Asia Oriental: el budismo. Es una religión, fundada por Sidharta Gautama, que, en su camino espiritual, ha sido llamado el Buda, que significa el Iluminado. Para Buda, la vida humana es puro sufrimiento, y para poder liberarse de este sufrimiento, se necesita la aniquilación de todo deseo, que es su causa o su raíz, incluyendo el deseo de no desear nada.

Este Domingo, las lecturas no nos habla sobre la aniquilación del deseo humano, sino que nos enseña a regirlo y a orientarlo a Dios para que podamos desear las cosas buenas, verdaderas y divinas. En contraste al pensamiento budista sobre el deseo humano, la fe cristiana tiene una positiva apreciación acerca del valor del deseo en la vida espiritual. San Augustin, en el inicio de su libro Confesiones, nos muestra este valor, diciendo: “Nos creaste para ti, Señor, y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti.” Dicho en otras maneras, el hecho de que somos creados por Dios significa que siempre tenemos este deseo o anhelo a Él, que es nuestro Creador, de tal modo que, solo en Él, podemos encontrar la verdadera paz en nuestras inquietudes existenciales. Así que, nuestra búsqueda de sentido y de la felicidad es algo que Dios dejó en nuestro corazón. Entonces, regir nuestro corazón para que podamos desear lo que es propio y justo para nuestro ser y devenir es importante.  Es cierto que tenemos muchos deseos que nos hacen daños, que nos alejan de Dios y que nos hacen extranjeros de nosotros mismos. 

La primera lectura del libro de los Reyes habla sobre un corazón que desea buenas cosas para su pueblo y no solamente para él. Es un corazón que no es “auto-referencial”, utilizando la terminología de Papa Francisco. En un sueño, Salomón pedio a Dios que le conceda un corazón atento para juzgar y discernir entre el bien y el mal. Salomon tenía un deseo noble: gobernar bien su pueblo con rectitud y justicia. El deseo de Salomón muestra la sinceridad de su corazón, que refleja también el corazón de Yahweh. El Dios de Israel desea el bien para su pueblo. De hecho, lo rescató de la esclavitud de Egipto con manos poderosas, eligió a los Israelitas como su pueblo e hizo una alianza con ellos. Así que, cuando el deseo de Salomón estaba en conformidad al corazón de Dios, se puso contento porque Salomón ha podido desear lo que le agradó a Él. 

En el evangelio, Jesús nos cuenta sobre el Reino de Cielos que se compara con tres cosas: (1). Un tesoro escondido que un cazador de tesoro ha encontrado en un campo, (2) un comerciante de perlas finas que encontró una perla muy preciosa, y (3) la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. La primera y segunda parábola tiene semejanza en su sentido y mensaje. El cazador de tesoro y el comerciante, después de haber encontrado lo que desean en su corazón, vendieron todo lo que poseían para comprarlo. En nuestra vida, se puede observar claramente que cuando tenemos un deseo, como, por ejemplo, el deseo de terminar nuestro estudio, el deseo de crear una familia, un deseo de establecer un comercio, y otros tipos de deseos, es imprescindible que hay que vender algo importante en nosotros para realizar nuestro deseo: nuestro tiempo, nuestra dedicación, nuestro esfuerzo, nuestro pensamiento, y nuestra voluntad. Y a veces, tenemos que sacrificar algo importante como, por ejemplo, sacrificar el tiempo para dormir, sacrificar la juntada con los amigos, sacrificar la comodidad de la familia, y otras cosas importantes que tenemos que dejar temporariamente. En esta misma línea de pensamiento, el deseo también de crecer en la fe y madurar en nuestra espiritualidad, requiere un sacrificio por nuestra parte. Enamorarse con Jesús significa “vender” en su sentido metafórico, lo que poseemos que menos valiosos que Él, para que sea Jesus realmente nuestro verdadero tesoro.

La parábola de la red que recoge varios tipos pescados describe el carácter de nuestro corazón que a veces recogen buenos y malos deseos. Y necesitamos la sabiduría para poder discernirlos a fin de que podamos tirar los malos deseos y guardar los buenos en nuestro corazón. Y cuando se suman todos los deseos, podemos identificar el deseo muy valioso en nuestro corazón: el deseo de estar en communion con Dios que nos impulsa a seguir a Jesus, el camino, la verdad y la vida. (Juan 14:6)

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