LA POBRE MADRE CON FE GRANDE
¡Feliz Domingo a todos!
En el Evangelio de San Mateo, es interesante notar que solo
dos personas recibieron grandes elogios de Jesús por haber tenido gran fe: un
centurión, cuyo criado fue sanado por Jesús a la distancia (Mateo 8:5-13) y una
mujer cananea cuya hija endemoniada fue sanada de la misma manera (Mateo
15:21-28). Así que, la fe grande de estas dos personas demuestra que los gentiles también tienen la capacidad de responder a la revelación de Dios por
medio de nuestro Señor Jesucristo de una manera asombrosa. Como el centurión y
la mujer cananea demostraban fe y confianza muy profunda en Jesús, el Hijo de
Dios, los judíos no podían enorgullecerse de ser el único pueblo que tienen gran fe en Dios.
El primer
incidente pasó cuando Jesús estaba en Capernaum, un próspero pueblo de pescadores donde vivía él.
Y allí, un centurión se acercó con él para pedirle que sanara su sirviente
que estaba paralizado y sufría mucho. Jesús quería venir con el centurión a su
casa.
Sin embargo, el centurión le respondió en una manera
sorprendente que demuestra la grandeza de su fe en Jesús, “Señor, no soy digno
de que entres bajo mi techo; más solamente di la palabra y mi
criado quedará sano. Porque yo también soy hombre bajo autoridad,
con soldados a mis órdenes; y digo a este: ‘Ve’, y va; y al otro: ‘Ven’, y
viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace.” (Mateo 8:8-9) Con estas
palabras del centurión, Jesús se maravilló y dijo a los que lo seguían, “En verdad les digo
que en Israel no he hallado en nadie una fe tan grande.” (Mateo 8:10) A pesar
de que no se sabe el nombre del centurión, la Iglesia hace memoria sobre la
grandeza de su fe de tal modo que se incorpora en la misa las palabras de él
con una modificación menor, “Señor, no soy digno de que entres en casa, pero
una palabra tuya bastará para sanarme.”
La segunda instancia es el evangelio este Domingo. Jesús
con sus discípulos se fue a la región de Tiro y Sidon, y allí, una madre
cananea, cuya hija estaba endemoniada, pidió a Jesús que expulsara el demonio
que poseía su hija. Al principio, Jesús no respondía a la suplica insistente de
la mujer porque en su conciencia, fue “enviado solamente a las ovejas perdidas
del pueblo de Israel.” (Mateo 15:24)
Ahora bien, ¿qué significa esto? En primer lugar, este
pensamiento de Jesús no significa cuatro cosas: (1) que Jesús odiaba a los
paganos, (2) que no quería que se salvaran, (3) que su amor no era para todos,
sino que era exclusivamente para los judíos, y (4) que era un racista por haber
tenido una mentalidad exclusiva.
Lo que el evangelista San Mateo quiere transmitir es que,
la misión de Jesús tenía un cierto orden de prioridad, y las perdidas ovejas
del pueblo de Israel estaba en el primer orden. Y Jesús no quería excederse de
su misión. Es porque la tarea de evangelizar a los paganos, o sea, a los no judíos,
es la misión de los discípulos. Por eso, antes de subir al cielo, Jesús, el
Resucitado, otorgó a sus discípulos la misión universal, diciendo: “Toda autoridad me ha sido
dada en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos de todas
las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden! Yo
estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28:18-20)
A partir de este contexto, se entiende mejor la metáfora
que Jesús dijo la mujer cananea: (aunque es insultante y ofensiva y suena,
según nuestro oído moderno y sensibilidad, ‘racismo’) “No está bien tomar el
pan de los hijos, y echárselo a los perros.” (Mateo 15:26) Es decir, los hijos
deben ser saciados primeros. El pan para ellos debe ser entregado antes que se
entreguen a otros.
Y cuando se aplica el tema de la pureza e impureza
religiosa según la perspectiva judía, los paganos eran perros porque no
practicaban el ritual de purificación. Como los perros comían basuras y cadáveres
de animales e incluyendo de hombres que no estaban bien enteradas, los judíos
asociaban los perros con los paganos. Así que, lo que dijo Jesús era la idea
predominante desde la perspectiva judía en aquella época.
Sorprendentemente, la réplica de la madre cananea es
religiosa e intelectualmente asombrosa. Y creo que Jesus no estaba esperando
aquella respuesta. Dijo ella, “Es cierto, Señor; pero también los cachorrillos
comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.” (Mateo 15:27) La capacidad
de la mujer cananea de transformar un concepto que tiene una connotación injuriosa
y insultante en un concepto positivo y elocuente es sorprendente. A través de
su palabra, Jesús reconoció la grandeza de su fe, diciendo: “¡Grande es tu fe,
mujer! ¡Que se haga lo que deseas!” (Mateo 15:28)
Al final, la hija de la mujer cananea quedó sanado por Jesús
desde lejos como el criado del centurión.
En esta celebración eucarística, pidamos entonces al Señor
que nos dé siempre su gracia para que tengamos fe como la mujer cananea:
insistente, perseverante y humilde.

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