JESUS CAMINA SOBRE EL AGUA


¡Un bendecido Domingo a todos!

El Domingo pasado, el evangelio nos habla sobre el milagro de la alimentación de los cinco mil hombres sin contar las mujeres y niños. Y como Jesús hizo las tres acciones eucarísticas—bendecir, partir, y dar—para llevar a cabo aquella maravillosa escena, tal milagro anticipa la última cena de Jesús con sus discípulos. Así que, a partir de esta conexión narrativa, se puede deducir que este milagro prefigura la Iglesia que está alimentada y nutrida a través de la Eucaristía.

Este Domingo, el evangelio, tomado de San Mateo, nos habla sobre dos actos asombrosos que Jesús hizo: caminar sobre el agua y la pacificación de la tempestad. Dos milagros que permitieron a los discípulos reconocer la identidad de Jesús de tal manera que ellos lo adoraron y profesaron con sus labios, “En verdad eres Hijo de Dios.” (Mateo 14:33) Es importante tener en cuenta esta profesión de fe de los discípulos que atestiguaron lo que Jesús hizo delante de sus ojos. En capítulo 16 de Mateo, Jesús les preguntó, “Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?” (Mateo 16:15) Y Simón Pedro respondió, en favor de los Doce, “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” (Mateo 16:16) Así que, la profesión de fe de Pedro se arraiga en esta experiencia maravillosa de tal manera para él, era difícil entender las palabras de nuestro Señor cuando predijo su muerte.

Para cerrar esta reflexión, dejo algunas preguntas para la reflexión a lo largo de esta semana: En mi experiencia parroquial, ¿cuáles son las tormentas de la sociedad que afectan nuestra comunidad? ¿He podido reconocer la presencia del Señor en medio de estas tormentas? ¿Me fijo mis ojos a Jesús para no hundirme en la desesperanza y desesperación?   

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